Desde Italia, el 24 de junio de 1857 arribó a Buenos Aires don Tobías
Orzali. Arquitecto de profesión; estaba casado con Teresa Nicoletti, quien le
había dado dos hijos: María Laura y Juan Ignacio (según relata Raúl Entraigas), fallecidos en 1856.
Don Tobías trabajó durante un tiempo en la capital argentina y luego,
cuando ya encontró estabilidad, regresó a su país en búsqueda de su esposa. El
9 de septiembre de 1862, el feliz matrimonio llegaba al muelle de las
Catalinas.
En Calle Libertad al 132, el primer hogar de la familia Orzali, el 13
de marzo de 1863, nació el tercer hijo de Don Tobías y Doña Teresa: Américo, así
le pusieron en honor a la nueva tierra que les permitía progresar; José, de
segundo nombre, por estar próxima la fiesta del gran Patriarca de la Iglesia.
Dos días después Américo José fue bautizado en la iglesia de San Nicolás de
Bari. Tras él nacieron Ignacio y Silvano, este último fallecido al año y medio.
Ignacio fue el gran compañero de juegos de la infancia del Siervo de Dios.
A los siete años, Américo comenzó a asistir a la Escuela del Consejo
Escolar 1°. Luego, pasó al colegio particular Seminario del Plata. A los nueve
años, en 1872, fue confirmado por Mons. Aneiros. Luego, la familia se mudó a
media cuadra del Colegio de las Hermanas del Huerto. Allí, ante la falta de
monaguillos, Don Tobías preparó personalmente a sus hijos para servir en el
altar.
Ameriquito, como le decía la Superiora de las Hermanas del Huerto,
Hermana Pastora; entabló una profunda amistad con el padre Truccano, una
amistad que llevó al sacerdote a impartirle algunas nociones básicas de latín,
y al pequeño monaguillo, a ayudarle a su amigo a superar los errores que
cometía al hablar español.
Tanto en invierno como en verano, Doña Teresa interrumpía el sueño de Américo
para que asistiera a la Santa Misa y cumpliera con su misión en el altar.
Un día, la hermana Pastora, que desde hace tiempo venía rezando, le
preguntó al pequeño monaguillo:
-
Ameriquito; ¿te gustaría ser
sacerdote?
El niño miro a los ojos a la superiora, luego al piso y finalmente,
viéndola nuevamente a los ojos y sonriendo, exclamó:
-
¡Sí, madre!
-
Bueno; piénsalo bien. Porque es
una cosa muy seria y bien vale la pena estudiarla a fondo -replicó la
religiosa.
Desde ese día, la Hermana Pastora clamaba al cielo para que el Padre le
regalara el don de la vocación a Américo José.
El 8 de diciembre de 1875, el Siervo de Dios recibió por primera vez a
Jesús Eucaristía. El 14 de diciembre de ese mismo año llegaron a Buenos Aires
los primeros salesianos. Don Tobias Orzali asistió con sus dos hijos, para
recibir a sus compatriotas. Junto a los hijos de Don Bosco, la familia Orzali
trabajó por la evangelización de la tierra bonaerense.
A medida que iba creciendo, Américo Orzali se sentía atraído por lucir
la vestimenta militar. Sin embargo, Dios tenía otros planes; como escribió
Entraigas: “Américo no empuñará la espada sino la cruz”.
Bibliografía:
CASTRO, Ana E. (1998) José Américo Orzali. Fundador, Obispo y
misionero. Arzobispado de San Juan de Cuyo. San Juan, Argentina.
DE JESÚS, María Araceli. (2012). Padre y Pastor: Vida y obra de Mons.
Américo Orzali. Ágape Libros. Buenos Aires, Argentina.
ENTRAIGAS, Raúl A. (1949) El Buen Pastor de Cuyo. 2da edición.
Editorial Difusión. Buenos Aires, Argentina.
Leer Boletín N° 1
No hay comentarios:
Publicar un comentario