sábado, 7 de febrero de 2026

Meditamos el Evangelio de este Domingo con Fray Josué González Rivera OP


Lecturas del día:
Libro de Isaías 58,7-10. Salmo 112(111),4-5.6-7.8-9. Carta I de San Pablo a los Corintios 2,1-5.

Evangelio según San Mateo 5,13-16.

Jesús dijo a sus discípulos:
Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña.
Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.
Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.

Homilía por Fray Josué González Rivera, OP

“Que su luz brille ante los demás”

Queridos hermanos:

En nuestro mundo nos encontramos con situaciones de tinieblas, con circunstancias en las que parece apagarse la vida, donde no vemos con claridad qué decisión tomar, qué camino o qué rumbo seguir, ya sea en el ámbito personal, familiar o social. Nuestro mundo se vuelve complejo. Al mismo tiempo, aquello que antes brindaba seguridad y confianza muchas veces se ve deformado o, dicho en otras palabras, pierde su sentido; aquello que le daba sabor se desvanece.

Mientras pensaba en esta reflexión, quería enumerar muchas de estas situaciones; sin embargo, me di cuenta de que la lista sería interminable, porque son innumerables las realidades que hoy nos preocupan, nos alteran, nos entristecen y nos atemorizan.

Con las lecturas de hoy damos continuidad al discurso de Jesús en la montaña. Después de las bienaventuranzas, Jesús sigue instruyendo a los discípulos, aquellos que ya lo han seguido, y les ofrece dos imágenes para que descubran cuál debe ser su actitud frente al mundo. Esos discípulos que lo escucharon en su tiempo, los que lo han escuchado a lo largo de la historia, y nosotros, que lo escuchamos hoy, somos también discípulos-misioneros que nos ponemos a los pies del Maestro y salimos al mundo no para luchar con una fuerza semejante a la de Dios, porque no existe un dios de las tinieblas ni un dios de la oscuridad, sino para enfrentar la violencia, maldad, corrupción e inseguridad. Dios es la fuente de luz que, desde el origen de la creación puso orden al caos. Si somos capaces de ser canales y conductores de la gracia de Dios en medio de este mundo, contribuimos a que brille esa luz en la vida, a que el orden, la paz, la justicia y el amor tengan un lugar en nuestra realidad.

El profeta Isaías nos recuerda que la luz en la vida de los creyentes, antes que los discursos abstractos y las prácticas religiosas ostentosas, surge de la justicia concreta: compartir el pan con el hambriento, acoger al pobre, vestir al desnudo y atender a los hermanos. La claridad nace de la caridad efectiva; la fe se vuelve luminosa y adquiere sabor cuando se conjuga con obras concretas.

Como la luz, iluminamos las tinieblas; como la sal, damos sabor y sazón a las situaciones de la vida para que no queden insípidas. Para nosotros, discípulos-misioneros, no es indiferente creer o no creer en Dios. Si creemos, sabemos que la vida adquiere otro sabor y otra iluminación si estamos con Dios, y aprendemos a descubrir cómo nos acompaña la Gracia y bendición que nos concede en nuestras vidas.

La sal y la luz nunca son protagonistas. Se nota su ausencia cuando faltan, pero resultan muy llamativas y distractoras cuando se exceden; si están en una justa medida, casi no se perciben, pero son importantes. De igual modo, estamos llamados a dar sabor e iluminar, no para ser protagonistas, sino porque deben resplandecer el amor, la compasión y la misericordia de Dios en las distintas situaciones de la vida.

En nuestro mundo faltan estos elementos, y se nota. También existen quienes se creen más de lo que son y buscan protagonismo, ocultando el verdadero sabor o cegándonos ante la realidad.

El anuncio cristiano no depende del protagonismo personal ni de estrategias sofisticadas; se funda, ante todo, en el poder del Espíritu. El discípulo-misionero no busca lucirse, sino transparentar a Cristo. Como dice san Pablo en la segunda lectura del día: no es la fuerza humana la que sostiene la misión, sino la fuerza de Dios, que se manifiesta por su gracia, gracia que recibimos y compartimos. No por privilegios individuales, sino como fruto de una vida recta, misericordiosa y confiada en Dios, somos luz y sal: no por fuerza propia, sino como reflejo de Él.

Entonces, como afirma el salmo, brillaremos en las tinieblas, podremos ofrecer una luz que aclare los caminos y daremos un sabor que nos permita gustar y disfrutar la vida. Pidamos al Señor que nos conceda los dones que necesitamos en nuestra vida y que nos ayude, pues, a compartirlos con nuestros prójimos en el mundo de hoy.


Podes seguir este blog a través de facebook:  AÑO DE LA FE.  (Grupo)  Vivamos juntos la Fe  (FanPage),  Instagram  en X:  @VivamoslaFe y en nuestro canal de  Telegram  

sábado, 31 de enero de 2026

Meditamos el Evangelio de este Domingo con Diácono Jose Torres, LC

Lecturas del día: Libro de Sofonías 2,3.3,12-13. Salmo 146(145),7.8-9.10. Carta I de San Pablo a los Corintios 1,26-31.

Evangelio según San Mateo 5,1-12.

Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él.
Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los afligidos, porque serán consolados.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron."

Homilía por Diac. Jose Torres, LC

Las Bienaventuranzas: El GPS de la Felicidad según Jesús

Hermanos y hermanas, ¿cuántos de ustedes han usado Google Maps para llegar a un lugar? Ahora imaginen que el GPS les dice: "Para llegar a tu destino, toma el camino más empinado, el más estrecho y el que nadie más está tomando". Probablemente pensarían que la app está fallando, ¿verdad?

Pues bien, eso es exactamente lo que Jesús hace hoy en el Evangelio. Nos da las direcciones para llegar a la felicidad verdadera, pero son direcciones que van totalmente en contra de lo que el mundo nos vende.

Un manifiesto revolucionario

Jesús sube al monte —como Moisés en el Sinaí— y nos entrega no diez mandamientos, sino ocho bienaventuranzas. Y déjenme decirles algo: esto no es un discurso motivacional tipo "tú puedes lograrlo si lo deseas". Esto es pura dinamita espiritual.

Miren lo que dice:

  • "Felices los pobres en el espíritu"
  • "Felices los que lloran"
  • "Felices los perseguidos"

¿En qué mundo ser pobre, llorar o ser perseguido te hace feliz? En el mundo de Instagram, definitivamente no. Ahí todos quieren mostrarse exitosos, sonrientes, con el auto del año y las vacaciones en la playa. Nadie sube stories diciendo: "Hoy elegí ser humilde y me fue increíble".

La lógica de Dios vs. la lógica del mundo

Pablo nos lo aclara en la segunda lectura. Nos dice: "Mírenles la cara, hermanos. En esta comunidad no hay muchos influencers, ni CEOs, ni gente de abolengo". Dios escogió precisamente a los que el mundo descarta para demostrar que Su poder no depende de nuestros méritos, sino de Su gracia.

Es como cuando un equipo de fútbol que nadie tomaba en serio llega a la final. No ganó porque tenía a los mejores jugadores o el presupuesto más alto, sino porque jugó con corazón, con hambre de triunfo, con humildad para aprender.

¿Qué significa realmente ser "pobre en el espíritu"?

Aquí viene lo bueno. Ser pobre en el espíritu no significa ser conformista o tener baja autoestima. Para nada. Significa reconocer que no lo tenemos todo bajo control, que necesitamos a Dios, que no somos autosuficientes.

Piénsenlo así: ¿Cuándo fue la última vez que realmente oraron con el corazón? Probablemente cuando algo se salió de su control, cuando el plan A, B y C fallaron. Ahí es cuando nos volvemos "pobres en el espíritu" —cuando reconocemos: "Señor, yo solo no puedo".

Y esa es la puerta de entrada al Reino de los Cielos. No la arrogancia de "yo puedo con todo", sino la humildad de "Señor, te necesito".

Las bienaventuranzas en la vida real

Permítanme traducir algunas de estas bienaventuranzas a nuestra vida diaria:

"Bienaventurados los mansos" no significa ser trapo de nadie. Significa tener la fuerza suficiente para no responder con violencia, para no desquitarte con el mozo que se equivocó en tu orden, para no destruir a alguien en redes sociales solo porque puedes.

"Bienaventurados los que lloran" nos recuerda que está bien no estar bien. Que el duelo, la tristeza y las lágrimas son parte de ser humano. Dios no nos pide ser robots felices 24/7. Nos pide ser auténticos, y promete consolarnos.

"Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia" es para todos los que no pueden quedarse callados ante la injusticia, ante la corrupción, ante el abuso. Los que no se conforman con el "así son las cosas". Esos van a ser saciados.

El resto fiel que menciona Sofonías

La primera lectura nos habla de un "resto", un pueblo humilde que busca refugio en Dios. Y hermanos, ese resto somos nosotros. En un mundo donde parece que todo vale, donde la mentira se viste de "estrategia", donde la codicia se llama "ambición", estamos llamados a ser ese resto que no negocia sus valores.

Como dice Sofonías: este resto "no hará más el mal, no mentirá ni habrá engaño en su boca". Traducción: nada de mentiras "piadosas" en el trabajo, nada de "hacer como que trabajas" mientras scrolleas en el cel, nada de aparentar lo que no eres.

¿Y la recompensa?

Jesús termina diciendo: "Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en el cielo". Pero ojo, no es que tengamos que esperar a morirnos para experimentar esta felicidad. El Reino de los Cielos empieza AHORA, cuando vivimos según estas bienaventuranzas.

Porque hay una paz inexplicable cuando vives alineado con lo que Dios quiere de ti. Hay una alegría que no depende de las circunstancias externas cuando tu identidad está fundada en Cristo, no en tus logros o tu cuenta bancaria.

El desafío para esta semana

Los invito a algo concreto: escojan UNA bienaventuranza y pregúntense: ¿Cómo puedo vivirla esta semana?

  • Si escogen "pobres en el espíritu": reconozcan ante Dios un área donde necesitan ayuda
  • Si escogen "misericordiosos": perdonen a alguien que les debe una disculpa
  • Si escogen "limpios de corazón": sean honestos en algo donde han estado guardando apariencias
  • Si escogen "pacificadores": sean puente en un conflicto familiar o laboral

Hermanos, las bienaventuranzas no son un manual de autoayuda para sentirnos bien. Son el blueprint, el plano de construcción de una vida que vale la pena vivir. Una vida que puede parecer absurda para el mundo, pero que tiene sentido eterno para Dios.

Como dice Pablo: "El que se gloríe, que se gloríe en el Señor". Nuestra felicidad, nuestro éxito, nuestra identidad no dependen de lo que logramos, sino de a Quién pertenecemos.

Así que esta semana, cuando el mundo les grite "sé exitoso, sé poderoso, sé admirado", recuerden el GPS de Jesús: sé humilde, sé manso, sé misericordioso. Porque ahí, justo ahí donde el mundo no busca, está el tesoro del Reino.

Que así sea. Amén.


Podes seguir este blog a través de facebook:  AÑO DE LA FE.  (Grupo)  Vivamos juntos la Fe  (FanPage),  Instagram  en X:  @VivamoslaFe y en nuestro canal de  Telegram  

sábado, 27 de diciembre de 2025

Meditamos el Evangelio de este Domingo con Fray Emiliano Vanoli OP


Lecturas del día:
Libro de Eclesiástico 3,2-6.12-14. Salmo 128(127),1-2.3.4-5. Carta de San Pablo a los Colosenses 3,12-21.

Evangelio según San Mateo 2,13-15.19-23.

Después de la partida de los magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo".
José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto.
Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta: Desde Egipto llamé a mi hijo.
Cuando murió Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José, que estaba en Egipto, y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre, y regresa a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño".
José se levantó, tomó al niño y a su madre, y entró en la tierra de Israel.
Pero al saber que Arquelao reinaba en Judea, en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí y, advertido en sueños, se retiró a la región de Galilea,
donde se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo que había sido anunciado por los profetas: Será llamado Nazareno.

Homilía por Fray Emiliano Vanoli OP.

San José: varón de discernimiento

La Navidad “tiene octava”. Esta es la manera en que la Liturgia subraya la importancia para nuestra fe de esta fiesta. Tener “octava” significa que durante ocho días litúrgicamente es Navidad, y parte de este misterio de Dios que se hace hombre para salvarnos es el de la Sagrada Familia de José, María y Jesús, que celebramos este primer domingo dentro de la octava navideña.

El realismo y la historicidad de la Encarnación es tal que Dios ha querido asumir todo lo propiamente humano y que ha sido creado por Él. Por eso era muy conveniente que el Salvador del mundo tuviera una familia y viviera sujeto a sus padres, según los designios de Dios para todo hombre y mujer que viene al mundo. De esta manera, Dios, que en cierto modo es “familia”, pues las tres personas de la Santísima Trinidad viven en tan íntima comunión que son un solo Dios, se ha hecho una imagen de sí mismo al constituir la familia, al grabarla profundamente en la naturaleza corporal y espiritual del varón y la mujer; y al mismo tiempo la ha santificado al hacerse miembro de la familia de Nazaret.

La Palabra de Dios nos presenta para este domingo el Evangelio según San Mateo y el pasaje en que, luego del nacimiento, José, advertido en sueños, toma a María y le niño Jesús y huye a Egipto hasta tanto llega la hora de volver a la tierra de Israel.

Destaca de manera clara cómo José, varón justo y que deseaba hacer la voluntad de Dios, a la hora de tomar decisiones sobre la familia, está abierto a Dios. Es decir que no solo simplemente piensa en lo que podría ser mejor, o sopesa distintas opciones, o recurre a cualquier otra técnica o método para discernir. Sino que lo fundamental en José es su sintonía con Dios y su pronta disponibilidad para obedecer.

Tal vez podríamos objetar que José fue advertido en sueños sobre las situaciones en las cuales debía tomar decisiones. Tanto cuando meditaba abandonar a María, ya que el niño no era suyo, como para huir y para volver de Egipto, e incluso sobre el territorio donde radicarse a su regreso. Sin embargo, la mayor parte de las veces, los sueños en el Antiguo Testamento no son fáciles de interpretar, requieren de ayuda para poder descifrar su mensaje. No sucede así con José, precisamente por su docilidad y su apertura a Dios sabe rápidamente lo que debe hacer.

Creo que, junto con el mensaje sobre la importancia de la familia en el plan de Dios, este es el segundo mensaje que hoy nos transmite su Palabra. No solo en la vida individual, sino también en la vida familiar e incluso como sociedad, necesitamos preguntarnos, o mejor aún, necesitamos preguntarle a Dios cuál es su voluntad.

Hacer el bien siempre es un buen comienzo, pero para ser parte del plan de Dios es necesario hacer su voluntad, y para discernirla necesitamos estar en sintonía con Él. ¿Cómo? Como José, en primer lugar, teniendo el firme propósito y la docilidad de buscar y hacer lo que Él nos presente como camino; y, en segundo lugar, anteponiendo el bien de los demás, incluida la familia, a la propia ventaja individual. Esto último resulta muy difícil frente a una cultura del bienestar individual que llega a cancelar incluso el sacrificio personal por amor, pero sin embargo es algo esencial en el plan de Dios para nuestra salvación, basta mirar a nuestro maestro y modelo, Jesús, quien entregó su vida para nuestra salvación.

Pidamos al Señor para que, en estos tiempos difíciles para la constitución, perseverancia y estabilidad familiar, nos de la gracia de discernir su voluntad y la fortaleza para llevarla adelante para el bien de cada una de nuestras familias.


Click aquí para conocer toda la información del Jubileo 2025


Podes seguir este blog a través de facebook:  AÑO DE LA FE.  (Grupo)  Vivamos juntos la Fe  (FanPage),  Instagram  en X:  @VivamoslaFe y en nuestro canal de  Telegram  

domingo, 14 de diciembre de 2025

Meditamos el Evangelio de este Domingo con Fray Josué González Rivera OP


Lectura del día; Libro de Isaías 35,1-6.10. Salmo 146(145),7-10. Epístola de Santiago 5,7-10.

Evangelio según San Mateo 11,2-11.

Juan el Bautista oyó hablar en la cárcel de las obras de Cristo, y mandó a dos de sus discípulos para preguntarle:  "¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?".
Jesús les respondió: "Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven:
los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres.
¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de tropiezo!".
Mientras los enviados de Juan se retiraban, Jesús empezó a hablar de él a la multitud, diciendo: "¿Qué fueron a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué fueron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que se visten de esa manera viven en los palacios de los reyes.
¿Qué fueron a ver entonces? ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta.
Él es aquel de quien está escrito: Yo envío a mi mensajero delante de ti, para prepararte el camino.
Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él.

Homilía por Fray Josué González Rivera, OP

“Feliz aquel para quien yo no sea motivo de tropiezo”

Entramos en la tercera semana de Adviento con el llamado domingo de la alegría (Gaudete). Una vez más, la Palabra de Dios nos convoca a la esperanza: la certeza de sabernos acompañados por el Señor Jesús, que viene, se entrega y se nos da para que tengamos vida, y vida en abundancia.

Esta esperanza no es ingenua. Surge, más bien, como una pregunta inevitable: ¿cómo hablar de alegría en medio de tanta violencia, confusión e incertidumbre? Somos conscientes de la complejidad del momento histórico que atravesamos; sin embargo, la esperanza evangélica nos impide dejarnos vencer por el mal que se hace visible en el mundo y nos abre a la convicción de que ese mal no tiene la última palabra.

El profeta Isaías no es ajeno a este desafío. Escribe en un tiempo en el que el pueblo de Dios se encuentra amenazado por potencias extranjeras y en el que sus gobernantes parecen haber perdido el rumbo. Aun así, movido por la esperanza, anuncia gozo y victoria, porque Dios promete a su Mesías, quien librará a su pueblo de todo mal. De modo semejante, el apóstol Santiago, en un contexto de persecución contra los cristianos dentro del ámbito judío, exhorta a la perseverancia y a la paciencia.

Jesús es el cumplimiento pleno de la Palabra anunciada por Isaías. En Él se manifiestan los signos que confirman que el Reino de Dios ya está presente en la historia.

Desde la cárcel, Juan el Bautista envía a preguntar a Jesús si Él es realmente el que debía venir. Esta pregunta no es ajena a nuestra propia experiencia. También nosotros, desde nuestras “prisiones”: miedos, límites, heridas y prejuicios; contemplamos la obra de Dios y, no pocas veces, nos interrogamos sobre el sentido de lo que vemos y escuchamos. Es necesario presentar al Señor aquello que nos inquieta, nos preocupa y nos llena de esperanza. Desde nuestras limitaciones, preguntémosle por lo que llevamos en el corazón, por lo que nos espera, por los retos y proyectos que se abren ante nosotros.

Jesús responde no con discursos abstractos, sino con hechos concretos: los signos, las curaciones y la predicación que atestiguan que Dios está actuando realmente. Muchos esperaban un Mesías de carácter político o militar —quizá incluso el mismo Juan lo imaginó así—, pero la acción de Jesús se sitúa en otro horizonte. No responde al mal con más violencia ni combate la opresión desde la fuerza. Jesús enfrenta el mal desde la compasión y el servicio; su salvación alcanza integralmente a la persona, restaurando cuerpo, mente y espíritu.

Desde esta perspectiva, Jesús proclama una bienaventuranza que interpela especialmente en tiempos de prueba: la felicidad de quien no se escandaliza de un Mesías que viene en la humildad, con un mensaje de servicio, amor y salvación.

A la luz de este domingo de la alegría, el Adviento se presenta como una invitación concreta a encarnar la esperanza que profesamos. No se trata de una actitud pasiva ni de un optimismo superficial, sino de una disposición interior que se traduce en gestos, decisiones y opciones cotidianas. Acoger al Señor que viene implica revisar nuestras expectativas, purificar nuestras imágenes de Dios y disponernos a reconocer su presencia allí donde la vida es restaurada y la dignidad humana es defendida.

Practicar este mensaje exige aprender a mirar la realidad con los ojos del Evangelio, sin negar el dolor ni la complejidad del mundo, pero sin renunciar a la confianza en la acción silenciosa de Dios. Significa perseverar en el bien, ejercer la paciencia activa, optar por la compasión y el servicio como formas concretas de resistencia al mal. Así, la alegría cristiana deja de ser un sentimiento abstracto y se convierte en un testimonio creíble.

Que este tiempo de Adviento nos disponga, entonces, a salir de nuestras propias prisiones, a dejarnos interpelar por los signos del Reino y a vivir de tal modo que no seamos motivo de tropiezo, sino mediación de esperanza. En la medida en que hagamos visible, con nuestra vida, el rostro humilde y misericordioso de Cristo, prepararemos verdaderamente el camino del Señor que viene.

Click aquí para conocer toda la información del Jubileo 2025


Podes seguir este blog a través de facebook:  AÑO DE LA FE.  (Grupo)  Vivamos juntos la Fe  (FanPage),  Instagram  en X:  @VivamoslaFe y en nuestro canal de  Telegram  

martes, 9 de diciembre de 2025

Intención del Papa de diciembre "Por los cristianos en contexto de conflicto"


Querida comunidad, ¿Sabían que el santo padre León XIV encomienda una intención de oración por mes?

Estas intenciones son una convocatoria mundial a la acción y oración. El Papa las confía a su Red Mundial de Oración, que las difunde a través del “Video del Papa”. 

Hoy te invitamos a leer esta reflexión inspirada en el vídeo del mes de diciembre

Por los cristianos en contexto de conflicto

Una vez más el Papa León clama por la urgencia de la paz en el mundo, especialmente en Medio Oriente. Sin dudas, el fin de los enfrentamientos y la violencia a causa de ellos es de los principales anhelos de todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Llama la atención como durante su pontificado el Papa León ha insistido en la necesidad de poner fin al odio que engendra la guerra.

Puede que nos sintamos distanciados de aquellos territorios en términos físicos, sin embargo, debemos ser conscientes que la violencia nace del corazón humano que no tiene al Dios de la paz como huésped. Por eso, la paz de cada día, es responsabilidad de todos en el lugar que nos toque estar. La paz se construye cada día, con gestos, palabras y acciones concretas. Todos estamos llamados a ser pacificadores en nuestros entornos, mediadores, puentes de comunión en las situaciones de conflicto sea cual fuere su naturaleza.

En este mes de diciembre, el Papa nos pide tener presentes en nuestras oraciones a “aquellos cristianos que aún rodeados de dolor no dejan de sentir la presencia bondadosa de Dios y la oración de sus hermanos y hermanas en la fe”, es así como acortamos las distancias de la indiferencia y hacemos del sufrimiento una carga que puede ser compartida y sostenida en comunidad. La Iglesia se torna así lugar de común unión entre todos los pueblos.

Para lograr la paz es necesaria la reconciliación, solo el perdón trae la esperanza y cada uno de nosotros tiene la misión de “ser puente donde hay división, y de buscar justicia con misericordia”, y aunque a veces cueste, es un desafío de amor que el mismo Jesús nos invita a vivir cuando nos dice “bienaventurados los que trabajan por la paz”.

Históricamente, la guerra ha traído malas experiencias a la humanidad, quienes están en contextos de violencia son testigos de las atrocidades y consecuencias del egoísmo que la causa. Frente a ello no podemos renunciar a ser sostén orante de la fe de nuestros hermanos y hermanas que son víctimas de esta injusticia.

Pidamos al Espíritu Santo que nos ayude a ser semillas de paz, capaces de generar espacios de encuentro, diálogo y reconciliación. Que la distancia no sea un impedimento o una excusa para no abrazar la cruz de tanto dolor y sufrimiento que viven de manera particular nuestros hermanos de Medio Oriente.

Amén

María Claudia Enríquez @clauchitaaaa



Aquí podes conocer la información del Jubileo 2025


Podes seguir este blog a través de facebook: AÑO DE LA FE. (Grupo) Vivamos juntos la Fe (FanPage), Instagram en X: @VivamoslaFe y en nuestro canal de Telegram