domingo, 15 de febrero de 2026

Meditamos el Evangelio de este Domingo con el Pbro. Mauricio Calgaro. SDB



Lecturas del día: Libro de Eclesiástico 15,15-20. Salmo 119(118),1-2.4-5.17-18.33-34. Carta I de San Pablo a los Corintios 2,6-10.

Evangelio según San Mateo 5,17-37.

Jesús dijo a sus discípulos: «No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.
Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.
El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.»
Les aseguro que, si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.
Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal.
Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego.
Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso.
Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.
Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio.
Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.
Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.
Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.
También se dijo: El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio.
Pero yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio.
Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor.
Pero yo les digo que no juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios,
ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la Ciudad del gran Rey.
No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos.
Cuando ustedes digan 'sí', que sea sí, y cuando digan 'no', que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.

 Homilía por el Pbro. Mauricio Calgaro. SDB 

Querida familia, estamos a las puertas de la Cuaresma, ese tiempo de desierto donde las máscaras se caen y nos quedamos a solas con la verdad que habita en nuestro corazón. Cuaresma es una oportunidad para volver con el corazón en la mano y presentarnos ante Dios que es puro amor.

Hoy, la Palabra de Jesús nos sale al encuentro con una frase que, si la escuchamos bien, debería darnos escalofríos: “Si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos”.

En nuestra Argentina de hoy, donde el miedo y el dolor a veces nos nublan la vista, estamos discutiendo leyes, números y rejas. Discutimos la baja de la edad de punibilidad. Pero Jesús hoy no nos habla de códigos penales; nos habla de una justicia que va más allá.

Jesús, nuestro maestro, que hunde sus enseñanzas en la tradición. Él nos dice: "Ustedes oyeron que se dijo: “No matarás”. Es fácil estar de acuerdo con eso, ¿verdad? Pero Él da un paso más y nos toca la llaga: “Pero yo les digo: el que se irrita contra su hermano...”.

Jesús corre el foco del hecho externo al corazón herido. Nos está diciendo que antes de que aparezca un cuchillo en una esquina de nuestros barrios, hubo una palabra que humilló. Antes de que corra sangre, hubo desprecio. Antes de que alguien mate, alguien fue descartado. Antes de un “drogadicto”, hubo alguien que lo fabricó y vendió.

Cuando discutimos qué hacer con el delito de un adolescente, la pregunta evangélica no es solo qué castigo le toca. La pregunta que nos tiene que quemar es: ¿Qué hicimos antes con ese chico? ¿Quién lo abrazó cuando el frío de la soledad era más fuerte que el de la calle? ¿Quién lo escuchó cuando la droga empezó a rondarle como un lobo? Una justicia que solo llega para poner esposas es una justicia que llegó tarde. La justicia del Reino, la justicia “superior”, es la que previene, la que acompaña y la que rescata antes del abismo.

A veces confundimos firmeza con dureza. Los fariseos eran expertos en la norma, eran prolijos y correctos. Pero Jesús nos pide algo superior. Y en el Evangelio, lo superior no es lo más rígido: es lo más humano.

En nuestra patria herida, a veces creemos que la seguridad se construye endureciendo el papel de las leyes. Y ojo, no negamos la libertad personal porque el mal existe y duele. Pero el Evangelio nos lanza una pregunta incómoda: ¿Queremos una sociedad más segura o una sociedad más fraterna? Porque sin fraternidad, la seguridad es un espejismo que terminamos pagando con más miedo y más rejas.

La justicia de Jesús es la que mira al joven y no lo reduce a su error. Es la que no le quita la etiqueta de “hijo de Dios” ni siquiera cuando se equivoca. Si empezamos a decir que nuestros “changos” son irrecuperables, estamos sembrando la misma violencia que decimos querer combatir. Jesús no viene a borrar los tribunales, pero nos recuerda que el Reino empieza mucho antes del juicio. Empieza cuando decidimos no descartar al otro.

Bajar una edad puede sonar a solución rápida, a alivio instantáneo para nuestro enojo. Pero el Evangelio nos pide profundidad. Nos pide mirar la desigualdad que empuja a tantos chicos a la periferia. La Iglesia no es ingenua; sabemos que el delito desgarra familias y que las víctimas merecen justicia. Pero la justicia de Dios nunca se confunde con la venganza. La justicia de Dios es siempre un camino de restauración para todo, todas, todxs.

Hermanos, al final del día, la pregunta no es qué edad vamos a poner en una ley escrita en un papel. La pregunta es: ¿Qué edad tiene nuestro corazón? Si nuestro corazón ha envejecido en el resentimiento y el "ojo por ojo", solo buscaremos castigo. Pero si nuestro corazón se deja renovar por el Espíritu, buscaremos caminos de inclusión y de esperanza.

Pidamos hoy al Señor esa justicia “superior”. La que nace de la misericordia, la que no mata con palabras y la que es capaz de dejar la ofrenda para ir a buscar al hermano que se perdió. Amén.


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miércoles, 11 de febrero de 2026

Intención del Papa de febrero: Por los niños con enfermedades incurables

Querida comunidad, ¿Sabían que el santo padre León XIV encomienda una intención de oración por mes?

Estas intenciones son una convocatoria mundial a la acción y oración. El Papa las confía a su Red Mundial de Oración, que las difunde a través del “Video del Papa”. 

Hoy te invitamos a leer esta reflexión inspirada en el vídeo del mes de febrero:

Por los niños con enfermedades incurables

Señor, enséñanos a reconocer tu rostro en cada niño que sufre. Que su vulnerabilidad despierte nuestra compasión, y nos impulse a cuidar, acompañar y amar con gestos concretos de solidaridad”, son las palabras del Papa León en su oración de este mes por los niños con enfermedades incurables.

Ante esta realidad se nos invita como cristianos a tener los mismos sentimientos de Jesús, a ser una comunidad que sepa cuidar la fragilidad con ternura y con paciencia. Somos llamados a acompañar a quienes acompañan, a ser red de contención con nuestras oraciones, así como también con nuestra presencia que se convierte en signo de esperanza ante la prueba.

Hacernos imagen y semejanza de la ternura de Jesús significa cuidar con amor y no tenerle miedo a la fragilidad porque en ella está el mismo Cristo. En cada niño y en cada familia que sufre a causa del misterio de estas enfermedades hay un signo de la presencia de Dios entre nosotros y nosotros podemos ser testigos de ello.

Es así que, como Iglesia en medio del dolor, somos llamados a ser semilla de esperanza con gestos concretos de solidaridad, escucha y consuelo. Y por sobre todo podemos ofrecer nuestra oración por quienes cuidan y atienden a estos niños para que lo hagan con verdadera compasión como nos enseña el mismo Jesús en su trato verdaderamente humano, trato que dignifica a toda persona.

En este mes, cada uno de nosotros puede preguntarse cómo acompaño las fragilidades de quienes me rodean, cómo consuelo a quienes sufren a causa de enfermedades a mi alrededor, qué hago concretamente para acompañar a quienes viven situaciones de dolor…

Que la intención del Papa León de este mes nos ayude a pedirle a Jesús la gracia de tener un corazón más humano semejante al suyo para ser capaces de sostener, consular y brindar esperanza.

Amén

María Claudia Enríquez @clauchitaaaa





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sábado, 7 de febrero de 2026

Meditamos el Evangelio de este Domingo con Fray Josué González Rivera OP


Lecturas del día:
Libro de Isaías 58,7-10. Salmo 112(111),4-5.6-7.8-9. Carta I de San Pablo a los Corintios 2,1-5.

Evangelio según San Mateo 5,13-16.

Jesús dijo a sus discípulos:
Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña.
Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.
Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.

Homilía por Fray Josué González Rivera, OP

“Que su luz brille ante los demás”

Queridos hermanos:

En nuestro mundo nos encontramos con situaciones de tinieblas, con circunstancias en las que parece apagarse la vida, donde no vemos con claridad qué decisión tomar, qué camino o qué rumbo seguir, ya sea en el ámbito personal, familiar o social. Nuestro mundo se vuelve complejo. Al mismo tiempo, aquello que antes brindaba seguridad y confianza muchas veces se ve deformado o, dicho en otras palabras, pierde su sentido; aquello que le daba sabor se desvanece.

Mientras pensaba en esta reflexión, quería enumerar muchas de estas situaciones; sin embargo, me di cuenta de que la lista sería interminable, porque son innumerables las realidades que hoy nos preocupan, nos alteran, nos entristecen y nos atemorizan.

Con las lecturas de hoy damos continuidad al discurso de Jesús en la montaña. Después de las bienaventuranzas, Jesús sigue instruyendo a los discípulos, aquellos que ya lo han seguido, y les ofrece dos imágenes para que descubran cuál debe ser su actitud frente al mundo. Esos discípulos que lo escucharon en su tiempo, los que lo han escuchado a lo largo de la historia, y nosotros, que lo escuchamos hoy, somos también discípulos-misioneros que nos ponemos a los pies del Maestro y salimos al mundo no para luchar con una fuerza semejante a la de Dios, porque no existe un dios de las tinieblas ni un dios de la oscuridad, sino para enfrentar la violencia, maldad, corrupción e inseguridad. Dios es la fuente de luz que, desde el origen de la creación puso orden al caos. Si somos capaces de ser canales y conductores de la gracia de Dios en medio de este mundo, contribuimos a que brille esa luz en la vida, a que el orden, la paz, la justicia y el amor tengan un lugar en nuestra realidad.

El profeta Isaías nos recuerda que la luz en la vida de los creyentes, antes que los discursos abstractos y las prácticas religiosas ostentosas, surge de la justicia concreta: compartir el pan con el hambriento, acoger al pobre, vestir al desnudo y atender a los hermanos. La claridad nace de la caridad efectiva; la fe se vuelve luminosa y adquiere sabor cuando se conjuga con obras concretas.

Como la luz, iluminamos las tinieblas; como la sal, damos sabor y sazón a las situaciones de la vida para que no queden insípidas. Para nosotros, discípulos-misioneros, no es indiferente creer o no creer en Dios. Si creemos, sabemos que la vida adquiere otro sabor y otra iluminación si estamos con Dios, y aprendemos a descubrir cómo nos acompaña la Gracia y bendición que nos concede en nuestras vidas.

La sal y la luz nunca son protagonistas. Se nota su ausencia cuando faltan, pero resultan muy llamativas y distractoras cuando se exceden; si están en una justa medida, casi no se perciben, pero son importantes. De igual modo, estamos llamados a dar sabor e iluminar, no para ser protagonistas, sino porque deben resplandecer el amor, la compasión y la misericordia de Dios en las distintas situaciones de la vida.

En nuestro mundo faltan estos elementos, y se nota. También existen quienes se creen más de lo que son y buscan protagonismo, ocultando el verdadero sabor o cegándonos ante la realidad.

El anuncio cristiano no depende del protagonismo personal ni de estrategias sofisticadas; se funda, ante todo, en el poder del Espíritu. El discípulo-misionero no busca lucirse, sino transparentar a Cristo. Como dice san Pablo en la segunda lectura del día: no es la fuerza humana la que sostiene la misión, sino la fuerza de Dios, que se manifiesta por su gracia, gracia que recibimos y compartimos. No por privilegios individuales, sino como fruto de una vida recta, misericordiosa y confiada en Dios, somos luz y sal: no por fuerza propia, sino como reflejo de Él.

Entonces, como afirma el salmo, brillaremos en las tinieblas, podremos ofrecer una luz que aclare los caminos y daremos un sabor que nos permita gustar y disfrutar la vida. Pidamos al Señor que nos conceda los dones que necesitamos en nuestra vida y que nos ayude, pues, a compartirlos con nuestros prójimos en el mundo de hoy.


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sábado, 31 de enero de 2026

Meditamos el Evangelio de este Domingo con Diácono Jose Torres, LC

Lecturas del día: Libro de Sofonías 2,3.3,12-13. Salmo 146(145),7.8-9.10. Carta I de San Pablo a los Corintios 1,26-31.

Evangelio según San Mateo 5,1-12.

Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él.
Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los afligidos, porque serán consolados.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron."

Homilía por Diac. Jose Torres, LC

Las Bienaventuranzas: El GPS de la Felicidad según Jesús

Hermanos y hermanas, ¿cuántos de ustedes han usado Google Maps para llegar a un lugar? Ahora imaginen que el GPS les dice: "Para llegar a tu destino, toma el camino más empinado, el más estrecho y el que nadie más está tomando". Probablemente pensarían que la app está fallando, ¿verdad?

Pues bien, eso es exactamente lo que Jesús hace hoy en el Evangelio. Nos da las direcciones para llegar a la felicidad verdadera, pero son direcciones que van totalmente en contra de lo que el mundo nos vende.

Un manifiesto revolucionario

Jesús sube al monte —como Moisés en el Sinaí— y nos entrega no diez mandamientos, sino ocho bienaventuranzas. Y déjenme decirles algo: esto no es un discurso motivacional tipo "tú puedes lograrlo si lo deseas". Esto es pura dinamita espiritual.

Miren lo que dice:

  • "Felices los pobres en el espíritu"
  • "Felices los que lloran"
  • "Felices los perseguidos"

¿En qué mundo ser pobre, llorar o ser perseguido te hace feliz? En el mundo de Instagram, definitivamente no. Ahí todos quieren mostrarse exitosos, sonrientes, con el auto del año y las vacaciones en la playa. Nadie sube stories diciendo: "Hoy elegí ser humilde y me fue increíble".

La lógica de Dios vs. la lógica del mundo

Pablo nos lo aclara en la segunda lectura. Nos dice: "Mírenles la cara, hermanos. En esta comunidad no hay muchos influencers, ni CEOs, ni gente de abolengo". Dios escogió precisamente a los que el mundo descarta para demostrar que Su poder no depende de nuestros méritos, sino de Su gracia.

Es como cuando un equipo de fútbol que nadie tomaba en serio llega a la final. No ganó porque tenía a los mejores jugadores o el presupuesto más alto, sino porque jugó con corazón, con hambre de triunfo, con humildad para aprender.

¿Qué significa realmente ser "pobre en el espíritu"?

Aquí viene lo bueno. Ser pobre en el espíritu no significa ser conformista o tener baja autoestima. Para nada. Significa reconocer que no lo tenemos todo bajo control, que necesitamos a Dios, que no somos autosuficientes.

Piénsenlo así: ¿Cuándo fue la última vez que realmente oraron con el corazón? Probablemente cuando algo se salió de su control, cuando el plan A, B y C fallaron. Ahí es cuando nos volvemos "pobres en el espíritu" —cuando reconocemos: "Señor, yo solo no puedo".

Y esa es la puerta de entrada al Reino de los Cielos. No la arrogancia de "yo puedo con todo", sino la humildad de "Señor, te necesito".

Las bienaventuranzas en la vida real

Permítanme traducir algunas de estas bienaventuranzas a nuestra vida diaria:

"Bienaventurados los mansos" no significa ser trapo de nadie. Significa tener la fuerza suficiente para no responder con violencia, para no desquitarte con el mozo que se equivocó en tu orden, para no destruir a alguien en redes sociales solo porque puedes.

"Bienaventurados los que lloran" nos recuerda que está bien no estar bien. Que el duelo, la tristeza y las lágrimas son parte de ser humano. Dios no nos pide ser robots felices 24/7. Nos pide ser auténticos, y promete consolarnos.

"Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia" es para todos los que no pueden quedarse callados ante la injusticia, ante la corrupción, ante el abuso. Los que no se conforman con el "así son las cosas". Esos van a ser saciados.

El resto fiel que menciona Sofonías

La primera lectura nos habla de un "resto", un pueblo humilde que busca refugio en Dios. Y hermanos, ese resto somos nosotros. En un mundo donde parece que todo vale, donde la mentira se viste de "estrategia", donde la codicia se llama "ambición", estamos llamados a ser ese resto que no negocia sus valores.

Como dice Sofonías: este resto "no hará más el mal, no mentirá ni habrá engaño en su boca". Traducción: nada de mentiras "piadosas" en el trabajo, nada de "hacer como que trabajas" mientras scrolleas en el cel, nada de aparentar lo que no eres.

¿Y la recompensa?

Jesús termina diciendo: "Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en el cielo". Pero ojo, no es que tengamos que esperar a morirnos para experimentar esta felicidad. El Reino de los Cielos empieza AHORA, cuando vivimos según estas bienaventuranzas.

Porque hay una paz inexplicable cuando vives alineado con lo que Dios quiere de ti. Hay una alegría que no depende de las circunstancias externas cuando tu identidad está fundada en Cristo, no en tus logros o tu cuenta bancaria.

El desafío para esta semana

Los invito a algo concreto: escojan UNA bienaventuranza y pregúntense: ¿Cómo puedo vivirla esta semana?

  • Si escogen "pobres en el espíritu": reconozcan ante Dios un área donde necesitan ayuda
  • Si escogen "misericordiosos": perdonen a alguien que les debe una disculpa
  • Si escogen "limpios de corazón": sean honestos en algo donde han estado guardando apariencias
  • Si escogen "pacificadores": sean puente en un conflicto familiar o laboral

Hermanos, las bienaventuranzas no son un manual de autoayuda para sentirnos bien. Son el blueprint, el plano de construcción de una vida que vale la pena vivir. Una vida que puede parecer absurda para el mundo, pero que tiene sentido eterno para Dios.

Como dice Pablo: "El que se gloríe, que se gloríe en el Señor". Nuestra felicidad, nuestro éxito, nuestra identidad no dependen de lo que logramos, sino de a Quién pertenecemos.

Así que esta semana, cuando el mundo les grite "sé exitoso, sé poderoso, sé admirado", recuerden el GPS de Jesús: sé humilde, sé manso, sé misericordioso. Porque ahí, justo ahí donde el mundo no busca, está el tesoro del Reino.

Que así sea. Amén.


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sábado, 27 de diciembre de 2025

Meditamos el Evangelio de este Domingo con Fray Emiliano Vanoli OP


Lecturas del día:
Libro de Eclesiástico 3,2-6.12-14. Salmo 128(127),1-2.3.4-5. Carta de San Pablo a los Colosenses 3,12-21.

Evangelio según San Mateo 2,13-15.19-23.

Después de la partida de los magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo".
José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto.
Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta: Desde Egipto llamé a mi hijo.
Cuando murió Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José, que estaba en Egipto, y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre, y regresa a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño".
José se levantó, tomó al niño y a su madre, y entró en la tierra de Israel.
Pero al saber que Arquelao reinaba en Judea, en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí y, advertido en sueños, se retiró a la región de Galilea,
donde se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo que había sido anunciado por los profetas: Será llamado Nazareno.

Homilía por Fray Emiliano Vanoli OP.

San José: varón de discernimiento

La Navidad “tiene octava”. Esta es la manera en que la Liturgia subraya la importancia para nuestra fe de esta fiesta. Tener “octava” significa que durante ocho días litúrgicamente es Navidad, y parte de este misterio de Dios que se hace hombre para salvarnos es el de la Sagrada Familia de José, María y Jesús, que celebramos este primer domingo dentro de la octava navideña.

El realismo y la historicidad de la Encarnación es tal que Dios ha querido asumir todo lo propiamente humano y que ha sido creado por Él. Por eso era muy conveniente que el Salvador del mundo tuviera una familia y viviera sujeto a sus padres, según los designios de Dios para todo hombre y mujer que viene al mundo. De esta manera, Dios, que en cierto modo es “familia”, pues las tres personas de la Santísima Trinidad viven en tan íntima comunión que son un solo Dios, se ha hecho una imagen de sí mismo al constituir la familia, al grabarla profundamente en la naturaleza corporal y espiritual del varón y la mujer; y al mismo tiempo la ha santificado al hacerse miembro de la familia de Nazaret.

La Palabra de Dios nos presenta para este domingo el Evangelio según San Mateo y el pasaje en que, luego del nacimiento, José, advertido en sueños, toma a María y le niño Jesús y huye a Egipto hasta tanto llega la hora de volver a la tierra de Israel.

Destaca de manera clara cómo José, varón justo y que deseaba hacer la voluntad de Dios, a la hora de tomar decisiones sobre la familia, está abierto a Dios. Es decir que no solo simplemente piensa en lo que podría ser mejor, o sopesa distintas opciones, o recurre a cualquier otra técnica o método para discernir. Sino que lo fundamental en José es su sintonía con Dios y su pronta disponibilidad para obedecer.

Tal vez podríamos objetar que José fue advertido en sueños sobre las situaciones en las cuales debía tomar decisiones. Tanto cuando meditaba abandonar a María, ya que el niño no era suyo, como para huir y para volver de Egipto, e incluso sobre el territorio donde radicarse a su regreso. Sin embargo, la mayor parte de las veces, los sueños en el Antiguo Testamento no son fáciles de interpretar, requieren de ayuda para poder descifrar su mensaje. No sucede así con José, precisamente por su docilidad y su apertura a Dios sabe rápidamente lo que debe hacer.

Creo que, junto con el mensaje sobre la importancia de la familia en el plan de Dios, este es el segundo mensaje que hoy nos transmite su Palabra. No solo en la vida individual, sino también en la vida familiar e incluso como sociedad, necesitamos preguntarnos, o mejor aún, necesitamos preguntarle a Dios cuál es su voluntad.

Hacer el bien siempre es un buen comienzo, pero para ser parte del plan de Dios es necesario hacer su voluntad, y para discernirla necesitamos estar en sintonía con Él. ¿Cómo? Como José, en primer lugar, teniendo el firme propósito y la docilidad de buscar y hacer lo que Él nos presente como camino; y, en segundo lugar, anteponiendo el bien de los demás, incluida la familia, a la propia ventaja individual. Esto último resulta muy difícil frente a una cultura del bienestar individual que llega a cancelar incluso el sacrificio personal por amor, pero sin embargo es algo esencial en el plan de Dios para nuestra salvación, basta mirar a nuestro maestro y modelo, Jesús, quien entregó su vida para nuestra salvación.

Pidamos al Señor para que, en estos tiempos difíciles para la constitución, perseverancia y estabilidad familiar, nos de la gracia de discernir su voluntad y la fortaleza para llevarla adelante para el bien de cada una de nuestras familias.


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