viernes, 31 de julio de 2026

VII Seminario Comunicaciones de Iglesia día 1


Inteligencia artificial, espiritualidad y comunicación: las claves de la primera jornada

Con la participación de comunicadores, académicos, agentes pastorales y representantes de distintas instituciones eclesiales de América Latina, comenzó en Santiago de Chile el VII Seminario Internacional de Comunicaciones de Iglesia, un espacio de reflexión que busca abordar los desafíos que la inteligencia artificial plantea para la comunicación, la evangelización y la vida de la Iglesia.

La jornada inaugural se desarrolló en la Pontificia Universidad Católica de Chile y estuvo marcada por una pregunta que atravesó cada una de las exposiciones y conversaciones: ¿cómo integrar las nuevas tecnologías sin perder de vista la dignidad humana y el sentido profundo de la comunicación?

Una bienvenida que miró al futuro

La apertura estuvo a cargo del Arzobispo de Santiago, Cardenal Fernando Chomali, el Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, Monseñor René Rebolledo Salinas, y el Rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Juan Carlos de la Llera, quienes destacaron la importancia de generar espacios de discernimiento frente a los cambios culturales y tecnológicos que atraviesan a la sociedad contemporánea.

Sus intervenciones coincidieron en la necesidad de que la Iglesia participe activamente de estas conversaciones, aportando una mirada centrada en la persona humana y en el bien común.

Inteligencia artificial y espiritualidad

Uno de los momentos más esperados de la mañana fue la charla magistral del jesuita Antonio Spadaro, reconocido por su trabajo en la reflexión sobre cultura digital y comunicación.

Bajo el título "Inteligencia artificial y espiritualidad", invitó a pensar la relación entre tecnología y experiencia humana desde una perspectiva profundamente espiritual.

La reflexión puso el foco en la necesidad de evitar tanto el entusiasmo ingenuo como el rechazo automático frente a la inteligencia artificial. En cambio, propuso un camino de discernimiento que permita comprender cómo estas herramientas pueden influir en nuestra forma de pensar, relacionarnos y buscar sentido.

Más que una cuestión técnica, la inteligencia artificial fue presentada como un fenómeno cultural que interpela directamente a la humanidad y plantea nuevas preguntas sobre la creatividad, la libertad, el conocimiento y la trascendencia.

Los desafíos de la inteligencia artificial para la Iglesia

Durante el conversatorio de la mañana, el periodista y académico Juan Narbona y Matthew Harvey Sanders, fundador de Magisterium AI, profundizaron sobre los desafíos y oportunidades que presenta la inteligencia artificial para la misión de la Iglesia.

Sanders compartió la experiencia de Magisterium AI, una plataforma desarrollada para poner el patrimonio intelectual y doctrinal de la Iglesia al alcance de cualquier persona mediante inteligencia artificial entrenada exclusivamente con fuentes oficiales católicas.

La herramienta reúne miles de documentos del Magisterio, textos bíblicos, documentos pontificios y recursos eclesiales, ofreciendo una forma innovadora de acceder al conocimiento acumulado por la Iglesia a lo largo de los siglos.

Sin embargo, el diálogo no se centró únicamente en las posibilidades tecnológicas. También surgieron preguntas sobre la formación crítica, la responsabilidad ética y la necesidad de que toda innovación permanezca al servicio de las personas y no al revés.

Comunicación, credibilidad y escrutinio público

Por la tarde, el foco se trasladó hacia los desafíos comunicacionales que enfrentan hoy las instituciones y particularmente la Iglesia.

En el conversatorio "El mensaje y los medios: escrutinio público, retos y credibilidad", los periodistas Iván Valenzuela, Gloria Faúndez y Matilde Burgos reflexionaron sobre la confianza, la transparencia y la construcción de credibilidad en un contexto marcado por la inmediatez, la sobreinformación y la permanente exposición pública.

La conversación permitió profundizar en la importancia de una comunicación clara, coherente y cercana, capaz de generar vínculos auténticos con las personas.

Herramientas para comunicar mejor

La jornada concluyó con dos talleres prácticos.

El primero, a cargo de Diego Errázuriz, exploró distintas posibilidades para utilizar la inteligencia artificial al servicio de la comunicación eclesial, mostrando aplicaciones concretas para la producción de contenidos, organización de información y planificación comunicacional.

Posteriormente, Guillermo Bustamante abordó una pregunta cada vez más relevante para quienes trabajan en entornos digitales: cómo medir el impacto de las publicaciones y comprender qué indicadores permiten evaluar realmente el alcance y la efectividad de la comunicación.

Una reflexión que recién comienza

El primer día del seminario dejó en evidencia que la conversación sobre inteligencia artificial y comunicación no puede reducirse a cuestiones técnicas.

La pregunta de fondo sigue siendo profundamente humana: cómo utilizar estas nuevas herramientas para comunicar mejor, fortalecer los vínculos, favorecer el encuentro y anunciar el Evangelio en una cultura cada vez más digital.

Con Cariño Maru





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IV Encuentro Nacional de Evangelizadores Digitales (ENED) día 1

ENED DÍA 1

La ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz es sede del inicio del IV Encuentro Nacional de Evangelizadores Digitales (ENED), organizado por la Comisión Episcopal de la Comunicación Social de la Conferencia Episcopal Argentina. Durante la primera jornada, evangelizadores digitales provenientes de distintas diócesis y comunidades del país compartieron un espacio de formación, reflexión y comunión para renovar su compromiso con el anuncio del Evangelio en la cultura digital.

La apertura estuvo marcada por un momento de oración que invitó a poner en el centro de la misión a Jesús, mirándolo a él animarnos a ser peregrinos de esperanza también en el mundo digital. Posteriormente, una dinámica de presentación favoreció el conocimiento mutuo entre los participantes y el intercambio de las diversas experiencias pastorales que desarrollan en el ámbito digital.

Cabe destacar que el encuentro cuenta con la presencia y acompañamiento de la Comisión Episcopal de Comunicación Social de la CEA, Monseñor Jorge Lozano, presidente, y la Lic. Vanesa Monzón, secretaria ejecutiva.

Los expositores destacaron que la cultura digital no constituye simplemente un conjunto de herramientas tecnológicas, sino una cultura donde las personas viven, se relacionan, buscan respuestas y necesitan experimentar la cercanía de Cristo. Necesitamos habitarla para conocerla y poder acompañar las diferentes realidades que aparecen en la misma. En este contexto, se recordó que la misión digital forma parte de la Comisión Episcopal de Comunicación de la Conferencia Episcopal Argentina, a través del equipo de misioneros digitales coordinado por el sacerdote Padre Savoia, un paso histórico que consolida este servicio dentro de la acción pastoral de la Iglesia en el país.

Monseñor Lucio Ruiz, secretario del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede, se hizo presente a través de un mensaje y animó a los presentes a salir al encuentro de las personas allí donde transcurre su vida cotidiana, también en el continente digital. Invitó a comprender que evangelizar implica hacerse presente en las "encrucijadas de la historia" para ofrecer un primer anuncio sencillo, capaz de abrir caminos hacia el encuentro con Dios.

Las exposiciones también profundizaron en una expresión que atravesó toda la jornada: "reparar las redes". Se destacó que la misión del evangelizador digital va mucho más allá de la creación de contenidos. El verdadero desafío consiste en sanar vínculos heridos, favorecer el diálogo, humanizar los espacios digitales y acompañar a quienes buscan una palabra de esperanza en medio de la polarización, la violencia y la soledad.

Otro de los temas relevantes fue la reflexión sobre la inteligencia artificial y sus implicancias para la comunicación. A la luz del mensaje del Papa para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, se analizaron los desafíos éticos que plantea esta tecnología, advirtiendo sobre el riesgo de debilitar el pensamiento crítico, la creatividad y la capacidad de discernimiento cuando se utiliza sin una adecuada formación humanística. Los participantes fueron invitados a promover una comunicación auténticamente humana, transparente y responsable.

Como parte del trabajo de la jornada, los participantes se reunieron en pequeños grupos para compartir experiencias, dialogar sobre los desafíos que presenta la evangelización en el ámbito digital y reflexionar acerca de gestos concretos que permitan construir la paz y "reparar las redes" desde cada una de sus realidades pastorales.

El primer día del encuentro concluyó en un profundo clima de oración con un emotivo momento de adoración eucarística comunitaria, en el que los participantes pusieron en manos del Señor la misión de evangelizar el continente digital. Unidos ante Jesús Sacramentado, renovaron su compromiso de anunciar el Evangelio con alegría, esperanza y en comunión con toda la Iglesia.

 María Claudia Enríquez

@clauchitaaaa


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martes, 28 de julio de 2026

El Mártir Wenceslao Pedernera y el cooperativismo


Wenceslao Pedernera, del Movimiento Rural, creado por el Obispo Angelelli en La Rioja, fue asesinado el 25 de julio de 1976 en la puerta de su casa. A 50 años, una recordación biográfica del dirigente campesino, que quedó integrado al martirio riojano junto al Obispo y los sacerdotes de Chamical.


WENCESLAO Y LA PROPIEDAD COOPERATIVA


El beato mártir Wenceslao Pedernera fue un buen padre de familia y vecino solidario en Sañogasta (La Rioja). Pero no lo asesinaron por eso. En el pueblo había otros buenos padres y vecinos. Toti Ortiz, uno de ellos, fue el que lo trasladó malherido hasta el hospital de Chilecito, donde murió el mismo 25 de julio de 1976, a la tarde. Varios más integraban la cooperativa en formación NECAS (Nuevas Esperanzas Campesinas Sanogasteñas), que impulsaba Wessen, como le decían en el Movimiento Rural Diocesano. Sus cualidades personales, sin duda, le ayudaron a ser una buena persona, tanto en la familia como en la vecindad. Pero eso no fue la motivación inmediata del crimen. El voto 1 de los Consultores Teológicos del Vaticano - en el 2018 - al reconocer el martirio señaló que “lo que decretaron su muerte” fueron “su participación en el Movimiento Rural Argentino y otras iniciativas parecidas”. Así también lo había informado el mismo obispo Angelelli a las autoridades episcopales dos días después, el 27 de julio de 1976: “A los 8 días del asesinato de los curas, me acaban de asesinar a un laico apostólico en Sañogasta”,…”dirigente laico de la Acción Católica Rural, (que) se radicó en Sañogasta para trabajar en un proyecto de cooperativa alentado por la Diócesis y ayudado financieramente en parte por Organismos Católicos europeos.”

Wenceslao, nacido y criado con sus padres y hermanos en el campo de San Luis, a los 20 años, después del servicio militar, se quedó en Mendoza y consiguió trabajo en la Bodega Gargantini, donde tuvo como capataz a Don Emiliano Cornejo. Al poco tiempo se puso de novio con su hija “Coca”, que necesitó la autorización del papá para casarse porque no había cumplido los 21 años. Wenceslao rehusó hacerlo por la Iglesia, pero Coca se impuso y el amor doblegó a Wenceslao. Y allí empezó otra etapa, también en lo religioso para Wenceslao. Su predisposición a la solidaridad que demostró al asumir la representación gremial de sus compañeros de trabajo en la bodega, se transformó en militancia campesina cuando con Coca pusieron su casa a disposición y se incorporaron al Movimiento Rural de la Acción Católica, invitados por Carlos Di Marco y Rafael Sifre.

A mediados de 1973 el matrimonio, ya con tres hijas, la menor de dos años, se radicaron en La Rioja, atraídos por la propuesta del Movimiento Rural Diocesano, que el Obispo Angelelli había creado el año anterior, luego de que el Episcopado argentino disolvió al Movimiento Rural de la Acción Católica y lo dejó librado a la iniciativa de cada obispo diocesano. En una realidad con “características marcadamente rurales”, Mons. Angelelli estableció entre los objetivos “acompañar al campesinado riojano en su proceso de liberación, entendida ésta a la luz del Evangelio y del Magisterio de la Iglesia”. Y “ayudar a concretar realizaciones que signifiquen para el campesinado riojano ‘ser más’ en el esfuerzo creativo por ‘tener más’.”


En esas iniciativas de la pastoral diocesana, Wenceslao, de carácter apacible, de hablar poco y escuchar mucho, además de servicial y responsable, resultó ser un indispensable para la organización de la decena de cooperativas nucleadas en el Movimiento Rural, que le tocó coordinar. Su “liderazgo” no sobresalió por el discurso mediático, sino en garantizar el funcionamiento, hasta en los mínimos quehaceres, de una propuesta comunitaria que apuntaba a consolidar la propiedad cooperativa de la tierra. Para los opositores a la pastoral diocesana, el rol de Wenceslao fue más “peligroso”, porque no era un “dirigente” de figuración, sino un eficiente miembro del equipo organizador. Se trataba de un “hombre común”, igual que la mayoría de los “comunes”, que organizados ponían en riesgo los intereses de las minorías propietarias de latifundios, enriquecidas con mano de obra común y barata.


“Hay que romper las injusticias que se asientan en la propiedad de la tierra”, dijo el obispo Enrique Angelelli, en 1973. “Con la cooperativa en manos de los trabajadores, la tierra será realmente para quienes la trabajan” (Revista Esquiú). Wenceslao sumó su vida en esta lucha campesina. Los poderosos de la tierra no lo toleraron. Apelaron a la eliminación criminal. Abrevamos en la memoria de la comunidad martirial riojana, para fortalecer las luchas de hoy capaces de “romper las injusticias”. 

Vitín Baronetto, Córdoba, 25/julio/2026

Canción del grupo Filocalia inspirada en la vida de Wenceslao




Otras publicaciones del Beato y mártir Wenceslao Pedernera:






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sábado, 25 de julio de 2026

Meditamos el Evangelio del Domingo con Fray Emiliano Vanoli OP.



Lecturas del día: Primer Libro de los Reyes 3,5.7-12. Salmo 119(118),57.72.76-77.127-128.129-130. Carta de San Pablo a los Romanos 8,28-30.

Evangelio según San Mateo 13,44-52.

Jesús dijo a la multitud: "El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró."
El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces.
Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.
Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
¿Comprendieron todo esto?". "Sí", le respondieron.
Entonces agregó: "Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo".

Homilía por Fray Emiliano Vanoli OP

Discernir el verdadero bien

Creemos, porque así nos lo revela la Palabra de Dios, que «todo contribuye al bien de los que aman a Dios» (Rom 8,28). Pero ¿cómo reconocer ese bien? ¿Cómo distinguir aquello que realmente conduce a la vida de lo que sólo promete felicidad de manera pasajera? Las lecturas de este domingo convergen en una misma enseñanza: si Dios dispone todas las cosas para nuestro bien, entonces la gracia que más necesitamos pedir es la prudencia para discernir su voluntad.

La primera lectura nos presenta a un joven Salomón al comienzo de su reinado. Dios le concede pedir lo que desee. ¿Qué habría pedido cualquiera de nosotros? ¿Más salud, más tiempo, más seguridad, más éxito? Salomón, en cambio, pide un corazón capaz de discernir entre el bien y el mal. No pide primero soluciones, sino sabiduría. Comprende que el mayor bien no consiste en obtener todo lo que deseamos, sino en aprender a querer aquello que Dios quiere. Por eso su oración agrada al Señor, porque quien conoce el verdadero bien ya ha encontrado el camino para alcanzar todos los demás.

El salmo prolonga esta enseñanza convirtiéndola en oración: «¡Cuánto amo tu ley, Señor!». El salmista ha descubierto que la voluntad de Dios no es un límite para la libertad, sino la luz que permite orientarla. La Palabra vale más que el oro y la plata porque nos enseña a juzgar la realidad con los ojos de Dios. ¿No es precisamente esta mirada la que tantas veces nos falta cuando debemos tomar decisiones importantes? Sin la luz de Dios fácilmente confundimos el bien con lo agradable, lo útil o lo inmediato.

San Pablo nos ofrece entonces el fundamento de toda esperanza: «Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman». El Apóstol no afirma que todo sea bueno ni que el sufrimiento deje de ser doloroso. Afirma algo mucho más profundo: que Dios gobierna la historia con una providencia capaz de conducir incluso aquello que hoy no comprendemos hacia nuestro bien definitivo. Pero precisamente porque creemos en esta providencia, no dejamos de discernir; al contrario, buscamos descubrir en cada circunstancia cuál es la voluntad de Dios, «lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto» (cf. Rom 12,2).

Finalmente, el Evangelio reúne tres parábolas que hablan del Reino de los cielos: el tesoro escondido, la perla de gran valor y la red echada al mar. En las dos primeras, todo depende de reconocer el verdadero valor de aquello que se ha encontrado. Sólo quien descubre el tesoro vende con alegría todo lo que posee. Sólo quien reconoce el valor de la perla renuncia a todo lo demás para adquirirla. El discernimiento cristiano consiste precisamente en esto: aprender a reconocer que el Reino de Dios es el bien supremo, el criterio que ordena todos los demás bienes de nuestra vida. Entonces también comprendemos la última parábola: al final será Dios quien manifieste plenamente el valor de cada elección y separe lo que permanece de lo que era sólo apariencia.

Pidamos hoy la gracia de un corazón prudente como el de Salomón. Si realmente creemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, entonces pidámosle también la luz para reconocer ese bien, la libertad para elegirlo y la fortaleza para permanecer en él, aun cuando el camino no coincida con nuestros propios cálculos. Sólo quien aprende a discernir según la sabiduría de Dios descubre, ya desde esta vida, el tesoro que nunca se pierde.


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domingo, 19 de julio de 2026

Meditamos el Evangelio del Domingo con Pbro. Diego Olivera


Lecturas del día: Libro de la Sabiduría 12,13.16-19. Salmo 86(85),5-6.9-10.15-16a. Carta de San Pablo a los Romanos 8,26-27.

Evangelio según San Mateo 13,24-43.

Jesús propuso a la gente otra parábola:

"El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo;
pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue.
Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña.
Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: 'Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?'.
Él les respondió: 'Esto lo ha hecho algún enemigo'. Los peones replicaron: '¿Quieres que vayamos a arrancarla?'.
'No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo.
Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero'".
También les propuso otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo.
En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas".
Después les dijo esta otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa".
Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas,
para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Hablaré en parábolas, anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.
Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: "Explícanos la parábola de la cizaña en el campo".
Él les respondió: "El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre;
el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno,
y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.
Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo.
El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes.
Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!"

Homilía por el Pbro. Diego Olivera

Las lecturas de este domingo nos invitan a mirar la realidad desde la mirada de Dios. Muchas veces nos preguntamos por qué Dios permite tantas injusticias o por qué no actúa de inmediato frente al mal. Pero tenemos que aceptar que vivimos en un mundo donde conviven el bien y el mal, la generosidad y el egoísmo, la verdad y la mentira.  La Palabra de Dios no responde con teorías, sino mostrándonos el corazón paciente y misericordioso del Padre.

La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, nos revela que el verdadero poder de Dios no se manifiesta en la fuerza que aplasta, sino en la misericordia que espera. Dios es justo, pero también paciente. Da oportunidades para la conversión y nunca deja de creer en la posibilidad de que una persona cambie. ¡Qué distinto es este modo de actuar del nuestro! Nosotros muchas veces etiquetamos rápidamente a los demás, emitimos juicios apresurados y esto nos lleva a perder la esperanza cuando alguien nos decepciona. Dios, en cambio, es paciente y nos invita a vivir con esperanza todas las realidades de nuestra vida. Justamente el salmo de este domingo destaca estas actitudes de Dios: paciencia y misericordia.

San Pablo, en la carta a los Romanos, añade un motivo de esperanza. Reconoce que somos débiles y que muchas veces ni siquiera sabemos cómo orar. Sin embargo, el Espíritu Santo viene en nuestra ayuda e intercede por nosotros con gemidos inefables. Cuando sentimos que la fe se debilita, cuando las palabras no alcanzan o cuando el sufrimiento parece apagar la esperanza, Dios no nos abandona. Su Espíritu sigue actuando en lo profundo del corazón, sosteniéndonos aun cuando nosotros no percibimos su presencia.

En el Evangelio, Jesús presenta la parábola del trigo y la cizaña. Un enemigo siembra mala hierba en medio del trigo, y los servidores quieren arrancarla enseguida. Sin embargo, el dueño responde con una sabiduría sorprendente: «Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha». No se trata de resignarse al mal ni de justificarlo. Jesús nos enseña que el juicio definitivo le pertenece a Dios y que muchas veces nuestras miradas son demasiado limitadas para distinguir con claridad dónde termina el trigo y dónde comienza la cizaña.

       Cabe destacar que el trigo y la cizaña son muy similares en su primera etapa de crecimiento: tienen el mismo color verde, hojas y forma, lo que hace casi imposible distinguirlos a simple vista. El trigo Se vuelve de un tono amarillento y, debido al peso de su grano, en algunos casos la espiga se dobla hacia el suelo. La cizaña permanece de color verde, sus semillas son más pequeñas y se mantiene completamente erguida.

Por lo tanto, Jesús nos dice: “cuidado con querer cortar la cizaña y terminar cortando el trigo, no vaya a ser que lo que creemos que es cizaña, luego madure y se convierta en trigo”

Vivimos en una cultura donde se juzga con rapidez. Las redes sociales, los comentarios anónimos y las condenas inmediatas parecen haber reemplazado al diálogo y a la comprensión. Jesús propone un camino diferente: la paciencia, la misericordia y la confianza en la acción silenciosa de Dios. Esto no significa callar frente al mal o renunciar a buscar la justicia, sino recordar que ninguna persona puede reducirse a un solo error y que siempre existe la posibilidad de un nuevo comienzo.

Esta parábola también nos invita a mirar nuestro propio corazón, ya que a veces es fácil descubrir la cizaña en los demás: sus defectos, errores o incoherencias. El campo del Evangelio también somos nosotros, nuestros corazones. En cada persona conviven fortalezas y debilidades, fidelidades e infidelidades, momentos de generosidad y momentos de egoísmo. El Señor no deja de trabajar en nuestra vida para que el trigo crezca y dé fruto abundante.

Si Dios es paciente, tenemos que aprender a ser pacientes con nosotros mismos y con los demás, respetando los procesos personales y confiando en la Gracia de Dios sin querer aplicar nuestras fuerzas para cambiar una realidad o las actitudes de una persona.

También nosotros estamos llamados a sembrar el bien. Cada gesto de perdón, cada palabra de aliento, cada acto de servicio y cada decisión tomada desde el amor son semillas que el Señor hará crecer a su debido tiempo.

Frente a un mundo que tantas veces responde con violencia, división y descalificación, el cristiano está llamado a ser sembrador de esperanza. No podemos controlar todo lo que sucede a nuestro alrededor, pero sí podemos decidir qué sembramos cada día en nuestra familia, en el trabajo, en la comunidad y en nuestras relaciones. Al final, la cosecha será obra de Dios.

Pidámosle al Señor que nos conceda un corazón paciente, capaz de confiar en sus tiempos; un corazón humilde, que reconozca su propia necesidad de conversión; y un corazón lleno del Espíritu Santo, para que podamos ser trigo bueno en medio del mundo y dar frutos de amor, paz y misericordia.

Les propongo que esta semana pensemos la siguiente pregunta: "¿Estoy ayudando a que crezca el trigo o estoy alimentando la cizaña?". Luego te invito a realizar un gesto concreto de paciencia, reconciliación o misericordia

Dejá que Dios transforme primero tu propio corazón y confiá en que Él también sigue obrando en el corazón de los demás.

Feliz y bendecido domingo.

 

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